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La Asociación de Municipios Ribereños lamenta profundamente la banalización del nacionalismo vasco por parte de Lucas Jiménez, presidente del SCRATS, su “total desconocimiento de la ley y su menosprecio por las necesidades de la cuenca cedente”

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Consideran que el presidente del Sindicato de Regantes “se pasa de nuevo de frenada buscando llamar la atención”. El agua no es un bien comercial como los demás, sino un patrimonio que hay que proteger, defender y tratar como tal, dicta la Directiva Marco del Agua europea. En un año especialmente bueno a nivel pluvial para el Levante, se ha trasvasado durante meses sin necesidad.

Lucas Jiménez, presidente del Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo Segura calificó ayer el reciente pacto en Castilla-La Mancha por el Agua de pronunciamiento “abertzale”. Declaraciones que no han sentado bien en el seno de los Ribereños, que lamentan que el presidente del sindicato “utilice el nacionalismo vasco para llamar la atención, en la línea populista que le caracteriza, como quien menciona Venezuela”.

Desde la Asociación, su presidenta, María de los Ángeles Sierra, considera “inaceptable las constantes declaraciones de un señor que no entiende nada del siglo XXI, que no es capaz siquiera de concebir que lo importante es proteger los ríos, no exprimirlos para beneficio económico particular”.

Por su parte, Borja Castro, vicepresidente de la Asociación, valora “el nerviosismo de determinados personajes, reducto de otras épocas, que se muestran incapaces de concebir que el tiempo de los atentados ecológicos en nombre de su bolsillo ha terminado”. Castro se muestra convencido de que, poco a poco, la postura del Ministerio se irá decantando por la línea que marca Europa: “la defensa a ultranza del agua como patrimonio de todos los europeos, no sólo de los agricultores industriales, que viven anclados en el caciquismo violento del siglo XIX”.

Desde la Asociación de Municipios Ribereños defienden una agricultura sostenible, responsable y sensata, próxima a la tradicional y no a las grandes explotaciones industriales, “que han consumido la Región de Murcia, envenenando el Mar Menor, acorralando a los pequeños agricultores y generando pobreza y graves problemas urbanísticos”.